jueves, 3 de febrero de 2011

140 caracteres desafortunados

2 sardinas opinaron
Parece que David Bisbal el otro día vio un ratito el noticiero y no tuvo mejor idea que solidarizarse con la humanidad y twittear:

@davidbisbal: “Nunca se han visto las pirámides de Egipto tan poco transitadas, ojalá que pronto se acabe la revuelta" 

Bueh. No hace falta que yo diga que fue un comentario claramente desafortunado. Ahora, yo te pregunto, David, ¿para qué?, si no era necesario. Si nadie estaba esperando que te pronunciaras al respecto. Si a nadie le importaba tu opinión. Decime... ¿para qué twitteás sobre temas tan delicados y dejás en evidencia tu ignorancia?

La ola de gastadas no se hizo esperar, y creo que fue lo más gracioso de todo el asunto:
  • “Vengo de ver la Capilla Sixtina. Para ser una tortuga ninja, Michelangelo era un pintor cojonudo”
  • “Basta de abusos, todo mi apoyo al pueblo egipcio en sus protestas en contra del Faraón”
  • “Nunca se han visto tan pocos coches circulando por Venecia, ojalá se acabe pronto la inundación”
  • “Viendo en Londres el Big-Ben, increíble que de ahí se formara el Universo”
  • “Nunca se ha visto la Antártida tan poco transitada ojalá pronto se acabe el invierno”
Pobre David. El Twitter le jugó una mala pasada. Recuerden: publicar todo lo que nos viene a la cabeza puede ser peligroso si uno no es una sardina cualunque.

martes, 1 de febrero de 2011

Nuevo BLOG

4 sardinas opinaron
 EN BONDI


una vuelta por el imaginario colectivo

(sardinas-enlatadas sigue funcionando)

viernes, 28 de enero de 2011

Sardinario III

3 sardinas opinaron
soledad.
(Del lat. solĭtas, -ātis).
  1. dícese del sentimiento que se experimenta luego de dos días sin recibir un mensaje de texto. Se agrava cuando al tercer día llega una publicidad de Volskwagen.

domingo, 23 de enero de 2011

miércoles, 19 de enero de 2011

La plaza y las palomas

3 sardinas opinaron
Y miramos las palomas como si fuera normal que volaran. Como si fuese natural que un ser tuviera alas y planeara, y calculara el momento preciso, ese instante casi solemne para detenerse y apoyarse justo en la punta del sombrero de San Martín, o en la cola de su caballo.

Y le reprochamos a Dios no habernos dado alas... o habérnoslas quitado.